La crisis deportiva en Jaguares de Córdoba terminó por estallar con la renuncia del técnico Gustavo Florentín, una decisión que, aunque esperada, refleja la magnitud del momento que atraviesa el club. La racha de seis derrotas consecutivas no solo deterioró los resultados, sino que desdibujó por completo la idea de juego, dejando a un equipo sin respuestas dentro y fuera del campo.
Más allá de lo futbolístico, el verdadero golpe está en la tabla del descenso. Jaguares ha visto cómo su ventaja se diluye peligrosamente, con Boyacá Chicó acechando cada vez más cerca. La presión por la permanencia pasó de ser una preocupación lejana a una amenaza concreta, agravada por el bajo rendimiento colectivo y la fragilidad defensiva que se repitió jornada tras jornada.
Florentín se marcha con números que no respaldaron su proceso, pero también con la sensación de que nunca logró consolidar una base competitiva. Ahora, la dirigencia enfrenta una decisión crucial: elegir un nuevo entrenador capaz de recomponer lo anímico y recuperar puntos de inmediato.
El panorama es crítico. Jaguares no solo debe reencontrarse con su fútbol, sino también con la urgencia de sumar, porque en esta etapa del torneo, cada error se paga caro y el descenso ya no es una posibilidad, sino un riesgo real.
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